Anhelo tu aire, todo en tí divino. El fuego que nos abrasa el pecho, la más fastuosa de las luces que iluminan en mundo. El encontarte, el estar contigo. El don más preciso. El amor eterno, el espíritu de la ilusion. Para quien vive apasionado no hay dolor lo suficientemente fuerte que quiebre su alma.
Cáe pero levantate!!!!
Lucha sin parar!!!
Ashire- Corre-, sigue corriendo por el mundo anunque te tumbe
Tu siempre serás mucho más fuerte
Disfruta de los tuyos...
...Goza con tus ilusiones
Que cada día con el que amanezcas recuerdes que tienes un ben motivo, pero sobre todo justo para luchar.
Destierra tus innecesarios deseos de avaricia, lucha hasta estar satisfecho
Sólo quien abraza mucho la estupidez no encontrará freno y acabará por destruirse, lo malo es que arrastre a alguien con él
SEGUID POR AQUÍ SI GUSTÁIS A LOS SALONES DE ESTE GRANDIOSO TEMPLO Toda opinión, delicado refinamiento del entendimiento e intelecto humano, es bien recibida. Hablad con el corazón libre y guiado por la verdad...
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viernes, diciembre 14, 2007
domingo, octubre 21, 2007
domingo, septiembre 23, 2007
martes, septiembre 18, 2007
Terror romanorvm
Lucius Quietus cayó al suelo. El arma del bárbaro le había sesgado la espalda. Él, tirado en el suelo, desangrándose. El enemigo, alzando su falcata para darle el golpe de gracia. El tiempo corría más despacio que de costumbre.
El legionario romano sujeto fuerte la empuñadura de su espada, y en un rápido movimiento, separó los pies del cuerpo del bárbaro. Este se precipito al suelo; nada más tocarle, el romano le atraveso la garganta con la misma espada. La sangre, de un rojo intenso, salpico su ennegrecida cara.
Con enorme dificultad, se puso de pie. El espectáculo era horroroso. El suelo de aquel camino pedregoso se había teñido de la sangre de sus compañeros soldados. Su centurión, Iulus Mamercus Luscus, yacía muerto en un pequeño riachuelo. No tenía el brazo derecho.
Lucius Quietus se desmayó, su cuerpo se desplomó, la herida de su espalda sangraba a borbotones.
El legionario romano sujeto fuerte la empuñadura de su espada, y en un rápido movimiento, separó los pies del cuerpo del bárbaro. Este se precipito al suelo; nada más tocarle, el romano le atraveso la garganta con la misma espada. La sangre, de un rojo intenso, salpico su ennegrecida cara.
Con enorme dificultad, se puso de pie. El espectáculo era horroroso. El suelo de aquel camino pedregoso se había teñido de la sangre de sus compañeros soldados. Su centurión, Iulus Mamercus Luscus, yacía muerto en un pequeño riachuelo. No tenía el brazo derecho.
Lucius Quietus se desmayó, su cuerpo se desplomó, la herida de su espalda sangraba a borbotones.
viernes, agosto 24, 2007
sábado, agosto 11, 2007
lunes, agosto 06, 2007
lunes, julio 30, 2007
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